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La Importancia de la dieta en la Fibromialgia

Está claro que la dieta que sigues te afecta de manera positiva o negativa en cómo te sientes.

Cada uno somos un mundo, con una genética diferente y unas necesidades nutricionales distintas.

Dependiendo de la dieta que sigas los dolores musculares de tu fibromialgia y el cansancio pueden aumentar. Te altera el sistema inmunológico, la atención, el sueño, el ánimo…

 

Tu eres supersensible.

Te afectan los olores, luces, sonidos, el tacto, el cambio de tiempo…

¿Cómo no te van a hacer daño ciertos alimentos que los demás pueden comer sin ningún problema?

Te voy a facilitar una lista de alimentos, más abajo, que potencialmente pueden serte dañinos.

Pero ahora me gustaría centrarte en lo que puedes comer.

 

Enfócate en lo que si puedes comer

Es mejor poner el foco de tu atención en lo que puedes comer en vez de en lo que está prohibido.

Etiquetas como “No puedes comer” o “No debes comer” te hacen sentir frustrada. Te parece que estás oprimida por tu enfermedad que es una tirana.

Son inútiles a la hora de planear cambios en la nutrición.

El cerebro te juega malas pasadas y deseas más aquello que te has prohibido. ¡De repente tienes antojos de un tipo de comida que nunca habías tenido!

Sueles tener más éxito cuando decides cambiar algo de tu alimentación que cuando te obligas a cambiarlo.

Porque de eso se trata:

  • De hacer cambios saludables.
  • Permitirte experimentar y ser creativa en la cocina.
  • Tener el objetivo de probar alimentos nuevos.

Sabiendo que esos cambios son fundamentales para tu salud.

Y teniendo presente que el cerebro te puede boicotear tus mejores planes.

En resumen, te propongo que intentes centrarte en hacer lo mejor que puedas la mayor parte del tiempo que puedas, en lugar de pensar en limitaciones.

Esta es una táctica comprobada que te ayudará a hacer con bastante éxito cambios en tu alimentación.

 

Lista de cambios:

alimentos-permitidos

Recomendaciones para tu nutrición

Para que este cambio sea efectivo te doy una serie de recomendaciones:

  • Sigue la regla del 70-30: un 70% de verduras y legumbres y un 30% de proteínas en cada plato, también en el desayuno.
  • Come alimentos crudos, la mayor cantidad que puedas.

Cocina a menos de cien grados las carnes y pescados. Al vapor, confitados, estofados, salteados en wok… Los huevos mejor pasados por agua.

Olvídate de las frituras, notarás mucha mejoría.

  • Acostúmbrate a comer con poco azúcar y poca sal.
  • Elimina de la dieta, si puedes, los cuatro “venenos blancos”: Azúcar, sal, leche y harina de trigo.
  • Toma muy poco alcohol y si puedes elige otras bebidas.
  • Bebe muchos líquidos a lo largo del día, de dos a tres litros.
  • Las solanáceas: patatas, tomates, pimientos y berenjenas no te sientan bien. Disminuye todo lo que puedas su consumo.
  • Toma suplementos de magnesio. Hoy día los campos de cultivo son muy deficientes en magnesio y las plantas que te comes también.
  • Procura comer pescados pequeños: Boquerones, sardinas… Tienen menos mercurio que los grandes: Atún, emperador.

 

Los beneficios de las dietas antiinflamatorias

La lista de los alimentos más saludables que te he dicho antes y los consejos que te he dado son parte de una estrategia para que tu dieta no te produzca inflamación y disminuyas los síntomas.

Ya está comprobado que sí hay inflamación en fibromialgia.

De siempre había controversia con respecto al tema. Unos investigadores decían que habían encontrado marcadores y otros negaban esa evidencia.

Hace poco, al hacer estudios especiales que no se hacen de rutina, han encontrado bastantes sustancias inflamatorias en la sangre y líquido cefalorraquídeo de los pacientes con fibromialgia.

Hoy día algunos médicos siguen diciendo que no hay evidencia fuerte de que la dieta influya en la fibromialgia.

Pero está demostrado que el 90% de los pacientes con fibromialgia que siguieron esta dieta por tres meses consiguieron mejoría.

El 72,5% tuvieron remisión completa de sus síntomas.

El 12,5% mejoraron sus síntomas en tres cuartas partes.

El 5% mejoraron sus síntomas en la mitad.

Y el 10% no notaron ninguna mejoría.

Te animo a que experimentes.

¡No vas a tener tan mala suerte de estar entre ese diez por ciento!

Yo mismo comprobé la efectividad de los cambios en la alimentación una vez que estaba bastante pasado de peso y comencé un programa de ayuno intermitente.

Consistía en no comer nada durante todo un día.

¡Al final del día era cuando mejor me encontraba en toda la semana!  Tenía menos dolores, más energía y por la noche podía dormir de un tirón.

A partir de ahí comencé a mejorar mi dieta.

Si eres de ese diez por ciento que no nota mejoría con esta dieta antiinflamatoria o quieres ir más allá hay otra opción más:

 

La dieta de eliminación

Consiste en dejar los alimentos que pueden ser los culpables de tus síntomas durante 23 días y ver cómo le sientan a tu cuerpo al ir reintroduciéndolos en tus comidas uno a uno.

Tiene que durar 23 días porque ese es el tiempo estimado en que los anticuerpos que te producen la inflamación desaparecen de tu sangre.

Come sólo cosas que no contengan gluten, azúcar, lácteos, huevos, soja ni alcohol durante 23 días.

Volvemos a la regla 70/30:

70% de verduras, vegetales, legumbres, nueces, semillas, algas, de agricultura biológica y crudas o cocidas a menos de 100 grados.

30% de proteína orgánica, libre de hormonas y antibióticos: Carne de animal criado con pastos en libertad, pescado y marisco salvaje. Poco cocinado y a menos de 100 grados de temperatura.

Grasas saludables: aceite de girasol, de oliva, de coco virgen extra, es decir, de primera prensión en frio.

Bebe mucha agua, dos o tres litros al día.

Cocina todas tus comidas, no compres nada procesado. No valen bolsas de ensalada, algas deshidratadas, semillas tostadas…

Prepara una tabla de seguimiento como esta:

diario

Y asigna un valor numérico del uno al diez a tus síntomas.

Por ejemplo: Dolor, 5. Cansancio, 3. Etc…

El día 24 elige una cosa que eliminaste, pero sólo una y cómela junto con el resto del menú que hayas elegido ese día.

Observa cómo te sientes a las 24 y 48 horas. Y puntúa en la tabla.

Si no tienes empeoramiento vuelve a comer esa comida al segundo día (48 horas) y vuelve a observar cómo te sientes a las 72 horas y a las 96, es decir al día siguiente y al otro.

Si después de 96 horas y dos veces, has comido algo que no te aumenta los síntomas, puedes incluirlo en tu dieta.

Y vuelta a empezar con otro tipo de comida que quieras. Recuerda sólo un alimento cada vez.

Esta dieta es bastante más laboriosa y dura. Pero con ella consigues cumplir con tus necesidades de nutrientes que, como te decía al principio del post, están mejor adaptados a tu genética personal y única.

Tu eres quien te haces tu propia dieta personalizada.

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